Su utopía, gracias
La casualidad ha querido que en la misma semana Pietro Petrini y Toshifumi Suzuki murieran con apenas 48 horas de diferencia. El primero, pionero y defensor de la Slow Food - “aquellos que siembran utopía cosechan realidad”- revolucionó la manera de entender la alimentación. El segundo, algo menos conocido, fue el mayor impulsor de la cadena Seven Eleven y de la denominada cultura de la conveniencia.
Sin poder asegurarlo, creo que no se habrían llevado demasiado bien.
****
Son las tres de la madrugada en Bangkok. El asfalto rezuma calor con una intensidad mareante pero el trajín de gente no cede. Parece que nadie quiere irse a dormir. Locales y turistas nos cruzamos en chanclas por calles mal iluminadas a excepción del hipnótico neón del Seven Eleven.
Cada pocos segundos la puerta automática se abre y cierra con un timbre diseñado para avisar a los empleados de que alguien ha entrado. Din-don, din-don. En algunas tiendas incluso hay una grabación enlatada que da la bienvenida. Din-don. Din-don. Hello, welcome. El soniquete se graba a fuego.
El aire acondicionado del interior es un abrazo de alivio en un verano incipiente y muy agresivo. Los tubos de luz resaltan los colores chillones de los paquetitos que inundan las estanterías repletas de estímulos. La verdad es que es entretenido buscar con la mirada mascarillas anti acné, desodorantes y kits de maquillaje. También venden paquetes de tabaco, bocadillos de jamón y queso - el best seller de la cadena- , yogures, bollitos rellenos de siropes y tabletas de chocolate al gusto. Más de 5000 productos disponibles en el país del mundo con más Seven Eleven.
****
Lo llaman cultura de la conveniencia. Cultura y conveniencia en la misma frase me chirría pero creo entender a qué se refiere: es lo cómodo, lo que viene bien. Esa es la máxima de las tiendas 24/7. Hay un barniz de capricho. Siempre están disponibles, están cerca - porque están por todas partes - y aunque debatible, son tiendas relativamente baratas.
Conveniencia y Petrini: dos mundos en colisión igualmente influyentes.
****
Con las manos en los bolsillos, Joe C. Thompson Jr. posa ante la cámara. Su tienda Ice Company está levantada con tablones de madera y media docena de bombillas que alumbran el porche. Es 1927 y la ciudad de Dallas es testigo de cómo se pasa de vender cubitos de hielo a convertirse en la primera tienda de conveniencia de Estados Unidos.
“Dale al cliente lo que quiere cuando y donde lo quiera”. Es el lema que la web de Seven Eleven atribuye al fundador. Presente en 19 países y con más de 86.000 tiendas, - la calle manda, dicen - primero en gasolineras, después cerca de residencias de estudiantes y más tarde, inventores del café ready to go, Seven Eleven está cuando y donde lo necesitas. Incluso abren en plenas lluvias torrenciales, festivos nacionales, domingos o días de luto. Y eso le encanta al capitalismo.
****
En Tailandia están por todas partes. Cerca de 14.500 Seven Eleven plagan el país, lo que supone un local por cada 165 metros. Prácticamente en cada calle, donde todos ofrecen los mismos productos. Casi 13 millones de personas entran a diario. Din-don, din-don, din-don, din-don…
La homogeneidad y la fast food, cosas que horrorizaban a Petrini, son su seña de identidad. En un Seven Eleven no se puede hacer una buena compra, a no ser que quieras morir con las arterias colapsadas de grasas saturadas. Se va de emergencia, a última hora, de antojo, de resaca, de vagancia incluso. Tampoco hay que esconderlo: los yogures de aloe vera (riquísimos), plátanos (embolsados) y la ensaladilla de palitos de cangrejo con trocitos secos de apio fueron mis cenas last minute en muchas ocasiones. Escoger y acertar entre tanta mala oferta no es fácil, pero esa es otra subtrama.
La calidad es baja, aunque quieran transmitir lo contrario con ediciones limitadas de todo aquello que no es comestible: unas Nike Air Max 95, una colección de camisetas con el logo o un merchandising cool y apetecible para cualquier millenial. Y les va bien, hacen un excelente marketing.
Algunas localizaciones también son deliberadamente llamativas como la de Pattaya, una de las ciudades más turísticas de Tailandia donde se encuentra un suerte de flagship o mega store en forma de yate y “productos gourmet”. Otra, en Taipei (Taiwan) está decorada al completo con la figura de Snoopy. En Japón, la tienda ubicada a los pies del Monte Fuji es famosa por el contraste con el paisaje. La conveniencia también necesita de alicientes.
****
“Y por supuesto, el yadom, este pequeño milagro es un inhalador que usan todos los tailandeses para el calor, los mareos… El repelente no es opcional en Tailandia… Los mosquitos aquí son super agresivos… y por supuesto, la mejor crema de la historia si tienes dolores musculares… esta pasta de dientes con hierbas tailandesas… y por supuesto el curry tailandés, un clásico. Y aquí las pastas tanto verdes como rojas son super baratas… y por supuesto, soja, dos botes grandes que son ridículamente baratos…”
Los influencers han encontrado un nuevo formato para alimentar sus redes. Entusiasmados entran en un Seven Eleven para recomendar sus top 5 productos. Un antimosquitos, una mascarilla, un paquete de curry. Es un entretenimiento: ir a un Seven Eleven forma parte del tour del próximo viaje. Debo decir que el antimosquitos me funcionó.
****
Nada hacia pensar que Toshifumi, noveno de diez hermanos, fuera a convertirse en uno de los hombres más ricos de Japón. Un viaje de trabajo a Estados Unidos en 1973 lo cambió todo cuando descubrió el Seven Eleven. Mientras los años noventa tumbaban el negocio en Estados Unidos, Toshifumi se lo llevaba hasta Japón y expandió la marca: un negocio como ese, abierto 24 horas al día los 7 días de la semana encajaba con las grandes urbes como Tokio. En ellas se puede enviar dinero, recibirlo, pagar facturas, recibir paquetes, comprar tabaco, comida, bebida, juguetes, ropa, medicinas… un todo en uno. ¿Quién se opondría? El sandwich de huevo y los onigiris de atún se han convertido en un must del catálogo. Ahora los japoneses usan la palabra kombini para referirse a este tipo de tiendas.
****
¿Qué es exactamente un Seven Eleven?
Me parece que se define mejor por aquello que no termina de ser. No son un supermercado al uso, tampoco un estanco, ni una tienda de chucherías, ni una panedería, ni tampoco una farmacia. No son un cajero, ni un ultramarinos. Es un híbrido de muchas cosas y ahí reside su fuerza. No se le pueden pedir peras al olmo, y es exactamente por eso que esquivan responsabilidades.
****
El hall de Inifito Delicias está a rebosar. Es el II Encuentro por la Alimentación Sostenible que organiza este centro orientado al arte y la gastronomía. Una de las primeras charlas versa sobre la transformación de la distribución alimentaria. Tomo notas sobre las dificultades de los supermercados para ser sostenibles y ofrecer más producto local y de calidad.
“Es un negocio con muy poco margen y con mucho volumen” dice Jaume representante de una cadena de supermercados. Pronto Zinnia Quirós, directora de Madre Brava le rebate: “Los supermercados tienen el poder y la responsabilidad de que todos podamos acceder a alimentos sostenibles, saludables y accesibles”. Y sentencia “la alimentación es un eje que genera desigualdad”.
La mesa redonda continúa con datos sobre el disparatado precio de la carne. Quizá sea una oportunidad para las proteínas vegetales, argumentan. Ponen sobre la mesa números y salarios, dinero destinado a la compra - según el INE, en 2023 el gasto medio mensual en alimentación en los hogares españoles fue de 421 euros, frente a los 357 euros de 2019 - y la baja capacidad para comprar productos frescos y sanos.
“Igual tiene que ver con el precio de la vivienda, ¿no?” Jaume lanza la gran pregunta retórica.
****
Es febrero y las elecciones tailandesas están al caer. Reformistas y conservadores defensores de la opaca monarquía, se juegan un cambio constitucional y la presidencia. En la jornada de reflexión ni el Seven Eleven puede vender alcohol.
****
Hong Kong ya está considerada la ciudad con la vivienda más cara del mundo. El mundo off shore da sus frutos por lo visto - un país, dos sistemas como dicen en China. Mi tiny room aparece anunciada como suite de invitados en una página de alquiler de pisos. En ella hay un mini frigorífico, una cama y una mesa de plástico blanca.
La media en Hong Kong es de 14 metros cuadrados por habitación. Vivo en un 42º y a pesar de todo, creo que he tenido suerte. Las vistas me enamoran aunque a cada rato me oprima más y más la sensación de claustrofobia.
El Seven Eleven es un buen refugio. Tanto que se convirtió en una escapada obligatoria además de puro entretenimiento. Mezclas de sabores en las patatas fritas, refrescos imposibles de descifrar y un juguetón stand de chorradas varias que nunca nadie necesitó. Era una pausa para el café, era la visita a la nevera, era el break de todo. Se convirtió en algo más que un sitio de paso.
****
Charlar con amigos, tomarse un café, ojear libros, cortarse las puntas… El sociólogo Ray Oldenberg consiguió fama internacional por su estudio sobre “el tercer lugar” en 1989. Bares, cafeterías, librerías, peluquerías… lugares que no son el espacio doméstico (casa) ni tampoco el trabajo (la oficina) sino espacios en los que socializar, entablar conversaciones, reunirse.
Oldenberg además estableció que además de las charlas, estos terceros lugares eran accesibles y con un coste bajo. Casi cuarenta años después, hay quien ha declarado la muerte del tercer lugar con cafés a 6,50€, reservas obligatorias hasta en barra, el espectral universo digital y cada vez menos tiempo y energía para los demás.
¿Es el Seven Eleven un tercer lugar?
Otros sociólogos como Marc Augé hablaban del no lugar: aeropuertos, autopistas, salas de espera, supermercados… Lugares impersonales, de tránsito, temporales y anónimos.
¿Es el Seven Eleven un no lugar? Pregúntaselo a un tailandés o a un hongkonés…
Y hay una clase más. Los place of workship, un espacio en el que el individuo siente que está ante algo más grande que él espiritualmente, donde de alguna manera siente que se eleva. Una catedral, un museo, un paisaje, un monumento…
¿Un Seven Eleven quizás? Hay gente para todo.
****
En España hubo Seven Eleven. Ya casi nadie lo recuerda pero entró a través de las estaciones de servicio de Repsol en los años 80 y duró hasta inicios de los 2000. Acabó con una imagen maltrecha - muchos vecinos de Madrid se quejaban por las peleas y borracheras que se generaban alrededor - y con el rechazo general del consumidor.
No cuajó. Los españoles ya teníamos la conveniencia repartida en estancos, bares, restaurantes, ultramarinos, bazares… ¿para qué queríamos una cadena con comida de mala calidad?
A pesar de la defensa patria del comercio de siempre, la realidad se ha ido imponiendo. Entre el 2010 y el 2023, los datos muestran que 35.000 bares tradicionales han cerrado. Los estancos tampoco tienen demasiado futuro y apenas quedan. Los quioscos, más de lo mismo. Los bazares y ultramarinos, resisten como pueden.
Con esta sensación de pérdida, ¿sería posible que volviera la tienda 24/7 a nuestras calles? A mayor defunción de bares y quioscos, más puntos y mini-puntos para la cuota de mercado de Seven Eleven.
Cuidado, una vez la pruebas es difícil resistirse a la conveniencia.
****
Son las tres de la madrugada y en mi mini nevera no hay botellas de agua. ¿Beber agua del grifo? Mejor ni intentarlo en esta parte del mundo. Otro tipo de utopía.
Din-don, din-don… Hello, welcome.





Para reflexionar sobre nuestros hábitos y consumos